NAVIDAD SIN MAQUILLAJE: ¿qué pasa si no estoy bien en Navidad?

Hoy no te voy a decir que disfrutes de la Navidad, ni que la maquilles. Quizás este año no estás bien.

No te voy a invitar a que hagas balance, ni a que te propongas uno de esos retos para este nuevo año. Tampoco te voy a recordar que son fechas de amor, para que aparques los malos rollos y pongas buena cara.

Hoy voy a dejar todo esto a un lado e ir al grano.

Y es que este año puede que lo estés terminando con más carga de la que te gustaría o estás dispuesta a reconocer. Quizás…

  • has vivido una pérdida que todavía te duele.
  • tu salud, o la de alguien que quieres, está delicada.
  • hay un conflicto con algún miembro de tu familia que no tiene pinta de resolverse y, aunque te has resignado, sigue escociendo.
  • tu relación de pareja se encuentra en un momento crítico
  • no sabes qué más hacer con alguno de tus hijos.

Y, aun así, diciembre llega con la misma presión silenciosa de siempre en la que todo tiene que ser bonito, luminoso, perfecto y lleno de amor. Y las que no estamos en eso, parece que quedamos excluidas automáticamente de la sociedad.

Pero, seamos claras… nadie va a vivir una Navidad perfecta como las que se ven en redes sociales o en los anuncios. Ni siquiera esa gente que parece tenerlo todo.

Y tampoco podemos elegir que todo esté bien y a nuestro gusto. No funciona así.

Por una sencilla razón: la vida no es una película de Hollywood, aunque durante años hayamos comprado esa idea. La vida… simplemente es.

En la vida real tocan padres y madres violentos que destrozan infancias, enfermedades fulminantes, accidentes que desestructuran familias, infidelidades, errores tremendos con y sin mala intención, sorpresas que nadie habría elegido, personas que te machacan porque no son capaces de hacerse cargo del dolor de sus propias heridas…

Puede que tú ahora mismo tengas varios de estos frentes abiertos… de esos que agotan la energía y no dan tregua. Y quizás por eso no puedas elegir vivir unas Fiestas de anuncio.

Pero hoy sí quiero recordarte algo. Algo que tú ya sabes.

Que hay algo que sí puedes hacer a cada momento:  decidir dónde pones tu foco.

Puedes elegir enfocarte en el dolor de que esa persona ya no está contigo… o en otro dolor diferente: el de recordar con gratitud los momentos hermosos que vivisteis, y el privilegio de que haya formado parte de tu vida.

O centrarte en la fragilidad de tu salud, en lugar de esos instantes en los que sí hay alivio, descanso o un respiro sin malestar.

Dirigir tu mirada a ese conflicto familiar que parece no tener arreglo… o en esa otra persona con la que sí tienes una relación estupenda, esa que está dispuesta a darte ese abrazo que tanto necesitas.

Puedes disfrutar revolcándote en el declive de tu relación… o valorar lo que estás aprendiendo sobre tus límites, la claridad de lo que no quieres y que ya no todo te vale, como cuando eras más joven.

Y también es posible que elijas obsesionarte con que lo estás haciendo “mal” como madre, o reconocer que eres humana, y que sí haces miles de pequeñas-grandes cosas que sí suman.

No puedes elegir que la vida sea perfecta. No. Pero sí puedes decidir qué parte de ella quieres mirar más.

Así que, si estas Fiestas no brillan como un anuncio de la tele, esta vez no te castigues.

Porque lo tú estás viviendo es una vida real y auténtica. De esas de las que, cuando se miran con distancia, una se siente orgullosa.

Y es que, a pesar de todo y de todos, sigues en pie

Gracias por seguir levantándote.

Nos vemos el próximo año.

Laura Rodríguez Terapeuta
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