POR QUÉ ENERO ES EL MEJOR (Y EL PEOR) MOMENTO PARA PLANTEARTE OBJETIVOS

Para mi, enero es el mes por excelencia de los objetivos anuales. Es uno de los momentos del año en el que me siento seriamente a pensar qué quiero cambiar, mejorar o dejar atrás.

Pero, tengo algo claro. También es el momento en el que, si lo hago rápido, se empieza a gestar la frustración que aparecerá semanas después.

No porque enero sea un mal mes en sí. Sino porque, antes, me planteaba los objetivos desde la exigencia y no desde mi realidad personal.

Así que, hace tiempo llegué a la conclusión de que enero sería un mes para identificar mis objetivos y diseñar mi plan de acción. No para cumplir las metas propuestas.

Otro de los errores que cometía era confundir plantearme objetivos con empezar a ejecutarlos inmediatamente para lograrlos cuanto antes. Pero también aprendí que enero no era el mes de demostrar nada a nadie, sino de definir cuál iba a ser mi dirección los siguientes doce meses.

Siento que este momento del año está cargado de expectativas, comparaciones y autoexigencia. Quizás tú lo vivas igual.
Y me he dado cuenta de que cuando intentamos fijar metas demasiado ambiciosas e irreales a corto, medio o largo plazo, sin hacer revisiones periódicas y si tener en cuenta ni nuestros recursos ni nuestro estado actual, terminamos experimentando una presión innecesaria y multitud de emociones incómodas que nos dificultan el camino.

Y es que plantearse objetivos sin un método claro suele llevarnos a que aparezcan, entre otras cosas, creencias limitantes ligadas a nuestra identidad.

He comprobado que, como hacía yo, muchas personas definen sus objetivos personales desde un punto de partida que tiene más que ver con cómo creen que deberían estar, y no con cómo están realmente. Y el resultado son metas poco sostenibles que chocan rápidamente con el cansancio, la desmotivación o la sobrecarga emocional.

Enero suele venir acompañado de frases como “este año sí” o “no puedo seguir igual”. Aunque las verbalizamos con la intención de provocar por fin un cambio, estas ideas suelen ocasionar una presión interna que hace mucho más difícil el cambio real.

Además, intentamos cambiar conductas sin profundizar en las razones por las que las repetimos año tras año. Si no llevamos a cabo esta revisión, los objetivos anuales se convierten en simples intentos que refuerzan la sensación de frustración y terminan conduciéndonos a la conocida indefensión aprendida: la sensación de que ya lo hemos intentado todo y nunca lo conseguiremos.

A pesar de todo, enero nos ofrece un valioso espacio para la reflexión. Y es que el inicio de un nuevo año nos invita a parar, revisarnos y preguntarnos qué queremos realmente.

Según mi experiencia terapéutica, enero es un buen momento para:

  • Revisar lo que no nos funcionó
  • Identificar lo que sí nos ha funcionado
  • Detectar patrones emocionales y conductuales que repetimos
  • Redefinir nuestras prioridades
  • Plantearnos objetivos alineados con nuestra realidad actual

Para que tus objetivos no se queden por el camino, es importante que tengas dos aspectos en cuenta:

Entender tu objetivo como el fin que buscas de un proceso, no como una exigencia: Un objetivo bien planteado no busca resultados inmediatos, sino honestidad, coherencia y estrategia. Debe adaptarse a tu ritmo, tener en cuenta tus límites y permitir ajustes y revisiones periódicas.

La importancia del acompañamiento: Cambiar en solitario suele activar los mismos patrones de siempre, especialmente si no se profundiza en los motivos por los que antes no lo conseguiste.

Pr ejemplo, el acompañamiento terapéutico y estratégico te ayudaría a:

  • Traducir lo que deseas de manera difusa, en objetivos claros
  • Detectar aquellos bloqueos invisibles que te han impedido anteriormente conseguirlo
  • Sostener tu proceso sin que caigas en la autoexigencia tóxica
  • Buscar herramientas nuevas y “cómos” diferentes para que puedas lograrlo.

Si cada enero sientes que repites el mismo ciclo (te ilusionas, y luego aparece la presión, el bloqueo y finalmente abandonas) el problema no eres tú, sino la forma en la que te estás planteando tus objetivos anuales.

Definir tus objetivos con un acompañamiento terapéutico te va a permitir comenzar y sostener procesos reales que te acerquen a tus objetivos.

El verdadero cambio no empieza con exigencia.
Empieza con una visión realista y estratégica.

Si quieres plantearte tus objetivos anuales con claridad, estrategia y acompañamiento de calidad, puedo guiarte en ese proceso.

Laura Rodríguez Terapeuta
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