EL MISTERIO DE… ¿POR QUÉ ME PONGO ENFERMA EN VACACIONES?

Hay un fenómeno misterioso, curioso, e incluso desesperante, que seguro ya has vivido. Quizás estos días lo estés experimentando. Y tiene que ver con una pregunta que todas nos hemos hecho alguna vez: ¿por qué me pongo enferma en vacaciones?

Vamos a mil cada día, como “gallinas sin cabeza”, saltando de un “tengo que” a otro, acumulando montones de “después lo hago”, sosteniendo responsabilidades y agendas imposibles.

Y justo cuando llega un Puente o unas vacaciones… caemos enfermas o aparecen los dolores.

No es casualidad. Pero ya lo sabías ¿verdad?

Cuando nuestro estado emocional diario es de tensión, preocupación o estrés mantenido, y nos sentimos sobrepasadas o desconectadas de nosotras mismas, la mente activa el famosomodo supervivencia. Se centra en buscar la mejor manera de huir o luchar para que sigamos vivas. Nuestro cuerpo recibe la orden de que existe un peligro real y prolongado, y el organismo entero activa sus recursos para mantenernos con vida.

Y da igual que la amenaza sea un león… o la casa sin recoger… o un trabajo que detestamos. La mente y el cuerpo no lo diferencian. La prioridad es sobrevivir, cueste lo que cueste.  

Y en ese estado, sentir o parar resulta demasiado arriesgado. No podemos permitirnos perder tiempo en eso, porque supondría un terrible riesgo vital. Así que bloqueamos esas funciones para enfocarnos en lo primordial.

Por supuesto, la mente y el cuerpo están diseñados para gestionar crisis puntuales, haciendo que intervengan sustancias como por ejemplo:

  • Cortisol, la famosa “hormona del estrés”: aumenta la glucosa en sangre para aportarnos energía inmediata, e inhibe el sistema inmunitario y las inflamaciones.
  • Adrenalina: activa el sistema cardiovascular para una acción urgente.
  • Noradrenalina: nos mantiene en estado de alerta.
  • Vasopresina u hormona antidiurética: asegura la retención del agua.
  • Dopamina: nos motiva a actuar.
  • Glucagón: libera más glucosa para nuestros músculos.
  • Prolactina: aumenta para inhibir las hormonas sexuales femeninas.
  • Hormonas sexuales (testosterona, estrógenos y progesterona): dejan de producirse porque no son prioritarias cuando “hay peligro”.

Es decir que, en estado de alerta, sistemas como el digestivo, inmunológico y reproductor, pasan automáticamente a un segundo y tercer plano. Pero este cóctel de sustancias está preparado para activarse puntualmente. Y cuando la situación se mantiene en el tiempo, el equilibrio se rompe y el organismo se resiente.

Nuestro organismo está preparado para gestionar cualquier peligro puntual y se reajusta continuamente para hacerles frente. Muchas veces, de manera silenciosa.

Sin embargo, si este estado se prolonga… ¿imaginas los infinitos reajustes, descompensaciones y reequilibrios que se llegan a producir? De este modo, se van agotando nuestros recursos.

Los daños se van acumulando… pero como seguimos en “alerta”, no podemos parar a revisarlos ni a sentirlos, y pasan desapercibidos.

Y entonces llegan unos días libres. Bajamos el ritmo. Y con ello, llega la factura que nos toca pagar.

Las hormonas del estrés comienzan a disminuir y, en unas horas, se van eliminando. La mente sale del “modo supervivencia” y por fin se pueden revisar los daños.

Y, en esta parada, aparece en nuestro cuerpo todo aquello que no era posible sentir antes: dolores de espalda, contracturas, catarros, agotamiento…

Es decir, que ese estado de alerta emocional mantenida (que vivimos como tan normal) se traduce en posterior irritabilidad, cambios de humor, fatiga, cefaleas, palpitaciones, hipertensión, alteraciones del apetito, problemas gástricos, dolores musculares, alteraciones en la glucosa, trastornos menstruales, disminución del deseo sexual, infecciones, enfermedades autoinmunes y alteraciones del sueño.

No “nos ponemos malas” en vacaciones. Ya lo estábamos. Simplemente, no podíamos atenderlo.

Y con las emociones ocurre lo mismo. La tristeza, ansiedad, ira, culpa… todas aquellas que apartamos para sobrevivir, aparecen y el cuerpo también las muestra. Porque sin equilibrio emocional, tampoco hay equilibrio orgánico.

Y es que no podemos sostener un estado de alerta continuo sin consecuencias.

Recuperar nuestro equilibrio orgánico y emocional depende de varios factores:

  • si la fuente de estrés disminuye, o desaparece total o parcialmente,
  • nuestro estado de salud previo,
  • la duración e intensidad del estrés experimentado,
  • nuestro estilo de vida y hábitos diarios,
  • y la red de apoyo con la que contamos.

Nuestro equilibrio no se restablece con un «chasquido de dedos«: requiere tiempo, energía, consciencia y unas condiciones adecuadas para que el cuerpo recupere su balance.

Todas pasamos por situaciones prolongadas de estrés, y muchas veces no está bajo nuestro control que disminuyan o desaparezcan.

Pero sí podemos elegir cómo las gestionamos y desde dónde las vivimos: desde la “supervivencia” o desde la consciencia.

Se trata de no dejar el autocuidado y la autoescucha sólo para “cuando tengamos un hueco”, sino integrarlos como un hábito diario. Se trata de introducir pausas reales en nuestro día a día, de tratarnos con más amabilidad y más atención.

No para buscar culpables, sino para explorar qué cargas, ritmos, hábitos o emociones están sosteniendo realmente ese “modo supervivencia” que se activa una y otra vez.

Quizás sea el momento de empezar a mirarte desde un lugar más profundo y sanador.

Los Programas Terapéuticos de Alto Impacto, como el Programa Bambú, o las Formaciones en gestión emocional pueden ayudarte a tener mayor claridad: son herramientas reales para recuperar tu equilibrio, aprender a escucharte y dejar de vivir atrapada en ese ciclo de agotamiento y recaídas.

Te invito a dar un pequeño-gran paso: a elegir atenderte antes de que tu cuerpo tenga que volver a gritar.

¿Te atreves?

Laura Rodríguez Terapeuta de Alto Impacto y Formadora
Política de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible.

La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudarnos a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Aquí puedes leer nuestra Política de Privacidad y Política de Cookies.