LA CULPA: UNA EMOCIÓN A ATENDER

Aunque no lo creas, la culpa es una de las emociones que pasa más desapercibida. Además, es de las más incomprendidas.
Muchas mujeres sufren muchísimo cuando la sienten y les encantaría no experimentarla nunca.

Sin embargo, la culpa no aparece para castigarnos, sino para informarnos… como ocurre con todas las emociones que experimentamos.
El problema es quedarse atrapada en ella o tratar de evitarla.

Cuando comprendemos esta emoción, entonces podemos transformar nuestra relación con nosotras mismas y con los demás.

La culpa es una emoción que aparece cuando percibimos que hemos hecho algo que contradice nuestros valores, hemos actuado de la manera que consideramos incorrecta o hemos causado un daño.

Es nuestra brújula moral, porque nos recuerda el camino que hemos de seguir para vivir de manera íntegra.

Es importante distinguir la culpa de otra emoción que también suele pasar desapercibida: la vergüenza.

Y es que mientras que la culpa se centra en el hacer (“he cometido un error”), la vergüenza se centra en el ser (“soy un error”).

Ambas emociones son tan discretas que podemos estar viviendo, por ejemplo, con una gran tristeza durante nuestra vida adulta y, cuando esa tristeza se trabaja en terapia, es frecuente descubrir que debajo hay culpa o vergüenza.

Pero hoy me voy a centrar en la culpa.

Todas las emociones funcionan como una fuente de información.

El miedo nos alerta de que es muy posible que ocurra algo malo, la tristeza nos ayuda a gestionar las pérdidas y la alegría nos avisa de que algo es beneficioso para nosotros.

La culpa también trae un mensaje.
Cuando aparece, suele estar diciendo “has actuado en contra de tus propias normas morales”.

Y atender este mensaje no es para que te castigues, sino para que te hagas preguntas poderosas como estas:

¿Qué norma he transgredido exactamente?
¿Esta norma es aún válida para mí?
Si ya lo no es, ¿qué ajustes o cambios necesito hacer para que esté alineada con la persona que soy hoy?
¿Qué puedo hacer para reparar el daño?
¿Qué puedo aprender de esta situación?

Aunque te resulte incómoda, la culpa cumple funciones muy importantes.

Nos ayuda a vivir con mayor coherencia
La culpa suele aparecer cuando existe una distancia entre cómo hemos actuado y cómo nos gustaría actuar.
Por eso, también puede ser una oportunidad para revisar nuestras prioridades y comenzar a vivir de acuerdo con nuestros valores.

Aumenta la responsabilidad emocional
Cuando somos realmente conscientes del impacto que nuestras acciones tienen sobre otras personas, desarrollamos una mayor empatía y tendemos a actuar con mayor sensibilidad y responsabilidad.

La culpa es adaptativa mientras nos ayuda a actuar, pero deja de serlo cuando se convierte en un estado emocional permanente.
Y esto puede ocurrir de diferentes maneras:

Culpa excesiva
Hay mujeres que se sienten responsables de prácticamente todo.
Se culpan por cómo se sienten los demás, por situaciones que escapan completamente a su control o, incluso, por acontecimientos que ocurrieron hace años.
En estos casos, la culpa no es una herramienta de aprendizaje y se convierte en una forma de autocastigo. Con frecuencia, esto ocurre porque debajo de esa culpa se esconde la vergüenza.
Y una cosa es clara: resulta más fácil sostener la idea de que “he hecho mal”, que sostener el dolor de que “hay algo malo en mi”.

Culpa por expectativas irreales
A veces sentimos culpa por no cumplir expectativas que resultan imposibles y son absolutamente irreales.

  • Ser la madre perfecta.
  • No equivocarse nunca.
  • Estar siempre disponible.
  • No decepcionar a nadie nunca.

¿Te resultan familiares?
En estos casos, es recomendable revisar estas normas, cuestionarlas y ajustarlas. Porque…
¿Qué es realmente ser una madre perfecta?
¿De verdad es posible no equivocarse nunca?
¿Qué significa exactamente estar siempre disponible?
¿De qué manera concreta puedo no decepcionar a nadie nunca?

Ahí te lo dejo…

Culpa heredada
Muchas mujeres han aprendido desde la infancia normas como que decir no, poner límites o priorizar sus propias necesidades es algo inadmisible.
Por eso, experimentan culpa cada vez que se cuidan o defienden sus propios derechos.
Y, de nuevo aquí, aparecen normas antiguas o heredadas que necesitan ser revisadas y cuestionadas.

Gestionar la culpa de manera saludable consiste en utilizar y aprovechar la información que nos da, sin identificarnos con ella.

Te cuento algunas estrategias útiles:

Diferencia responsabilidad de culpabilidad.
Ser responsable implica reconocer tu parte y actuar en consecuencia.
La culpa mantenida en el tiempo, en cambio, rara vez te va a ayudar a resolver un problema.

Analiza los hechos.
Pregúntate:
¿Qué ocurrió exactamente?
¿Qué parte dependía realmente de mí?
¿Incumplí alguna de mis normas morales?
¿Estoy asumiendo responsabilidades que no me pertenecen?

Muchas veces descubrimos que nuestra mente exagera el nivel de responsabilidad que realmente tenemos.

Repara cuando sea posible.
Si has causado un daño, pedir disculpas sinceras, corregir el error o compensar sus consecuencias suele aliviar mucho más que seguir castigándote.

Aprende y sigue adelante.
Toda experiencia puede convertirse en una oportunidad de crecimiento.
Una de las preguntas que podrías hacerte sería: «Después de lo ocurrido, ¿qué puedo hacer diferente la próxima vez?»

Practica la autocompasión.
Ser compasiva contigo misma significa reconocer que, como ser humano, cometes errores y que el aprendizaje es mucho más eficaz cuando nace de la comprensión que del castigo.

La culpa no es una emoción que debamos eliminar de nuestra vida.

De hecho, su ausencia total podría hacernos sentir desconectadas de nosotras mismas y de aquello que consideramos realmente importante.

El verdadero desafío consiste en mirarla de frente, escuchar su mensaje sin identificarnos con ella, y aprender de nosotras mismas para avanzar con mayor conciencia, responsabilidad y respeto.

Si vives con una culpa constante, y te impide vivir la vida que quieres, quizás haya llegado el momento de comprender qué quiere decirte realmente y dar el cambio que deseas.

Te ayudo a que identifiques el origen de esa culpa, a que revises las normas que la sostienen y a relacionarte con tus emociones de una forma mucho más sana y compasiva.

Si quieres empezar a trabajar en ti, estoy encantada de acompañarte.

¡Reserva tu sesión de valoración gratuita!

¿Hablamos?

Laura Rodríguez Terapeuta
Política de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible.

La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudarnos a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Aquí puedes leer nuestra Política de Privacidad y Política de Cookies.