DESCANSAR DE VERDAD: ¿CÓMO SE HACE ESO?

¿Te ha pasado alguna vez que llegan las vacaciones, duermes más horas y, aun así, sigues sintiéndote agotada?

Llega el verano y, con él, la promesa de un merecido descanso. Esperamos las vacaciones durante meses pensando que, cuando por fin lleguen, recuperaremos la energía que hemos ido perdiendo a lo largo del año.

Sin embargo, hay algo que escucho con frecuencia en mi consulta: «No duermo bien…”
Pero cuando se continúa profundizando, aparece lo que realmente ocurre: “Sí duermo, pero estoy agotada y siento que no tengo un sueño reparador.”

Y es que no todo el cansancio se soluciona durmiendo. ¿Verdad?

Hay un agotamiento mucho más profundo que tiene que ver con cómo vivimos nuestro día a día. Un cansancio que aparece al pasar demasiado tiempo haciendo, resolviendo, organizando y sosteniendo.

Y este cansancio tiene mucho que ver con la carga mental.

Muchas mujeres hemos adquirido una habilidad extraordinaria: anticiparnos a todo.

¿Te pasa?

Estoy segura de que sabes lo que falta antes de que alguien lo pida.
De que recuerdas citas, cumpleaños, compras, tareas del colegio, reuniones, menús, medicación, llamadas pendientes…
¿No te ocurre que mientras estás en el trabajo, también estás organizando lo de fuera?
Además, seguro que mientras te estás durmiendo, estás revisando mentalmente el día siguiente.
¿Y cuando hablas con alguien…? ¿A que ya estás pensando en lo siguiente que vas a hacer?

Sólo leerlo resulta agotador… ¿a que sí?

Pues ese es el ritmo que solemos llevar.
Pero, con el tiempo, esta forma de funcionar se convierte en un modo automático de vivir.

Y es que la mente rara vez descansa.
No porque siempre haya mucho que hacer, sino porque se acostumbra a permanecer en alerta y activa.

Vivimos en una sociedad que valora enormemente la productividad.
Hacer parece más importante que ser.

Y, casi sin darnos cuenta, acabamos midiendo nuestro día y —lo peor— nuestra valía personal, por todo lo que hemos conseguido tachar de la lista.

Por eso, incluso las vacaciones pueden llegar a convertirse en otro asunto que gestionar.
Hay que aprovechar el tiempo, visitar lugares, organizar actividades, hacer planes, responder mensajes, preparar el próximo curso… y si no, adelantar tareas pendientes.

Cuando esto ocurre en vacaciones, cambiamos de escenario, pero el funcionamiento es el mismo.
La mente sigue trabajando.

Dormir recupera el cuerpo.
Pero no siempre calma una mente que lleva meses —o incluso años— funcionando en modo automático.

El sistema nervioso necesita algo más que horas de sueño. Necesita experimentar que no tiene que estar pendiente de todo constantemente.

Muchas mujeres descubren en vacaciones que, cuando por fin dejan de correr, aparece una sensación extraña: inquietud.

No saben muy bien qué hacer cuando no hay nada urgente ni importante que gestionar.
¿Te ha ocurrido?

Pues eso significa que hace mucho tiempo que no te has permitido o no tienes la oportunidad de dejar de hacer y simplemente estar.

Desde pequeñas, habitualmente recibimos el mensaje —a veces, muy sutil— de que cuidar, resolver y responsabilizarnos de los demás, es una muestra de amor y valía personal.

Aprendemos que responder, ser eficientes y cuidar al resto es una prioridad.

Con los años, esa exigencia deja de venir solo del exterior, y la incorporamos.
Y acabamos sintiendo que siempre deberíamos estar haciendo algo útil.

No ser productiva no significa dejar de hacer cosas.
Significa que puedes hacer cosas sin un objetivo final, sólo porque te apetece.

Leer sólo porque te gusta.
Pasear sin controlar los pasos.
Sentarte frente a un paisaje y simplemente disfrutarlo.
Tomarte un café sin estar pendiente de nada más.
Quedarte unos minutos escuchando el silencio.

Puede parecer sencillo, pero para una mente acostumbrada a la carga mental constante, estos pequeños momentos suponen un entrenamiento.

Al principio pueden generar incomodidad.
Y eso es completamente normal.

Descansar no siempre implica dormir más.
A veces implica dejar de anticipar, de controlar, de sostener, y aceptar que no todo depende de ti.

Que algunas cosas pueden esperar.
Que no pasa nada si alguien más se ocupa.
Que el mundo sigue girando… aunque tú pares un rato.

Ese tipo de descanso es el que realmente ayuda a recuperar energía.

Porque no solo descansa el cuerpo.
También descansa la mente.

Te propongo algo aparentemente sencillo para este próximo mes.

Cada día, reserva quince minutos para no ser productiva en absoluto.

No aproveches para responder mensajes.
No ordenes.
No planifiques.
No pongas un podcast para «optimizar» el paseo.

Simplemente observa. Respira. Mira a tu alrededor. Escucha el ruido de la calle o el sonido del mar.
Durante tan sólo 15 minutos.

Y, si tu mente empieza a hacer listas o a recordar tareas, detenla con amabilidad y no te juzgues. Es normal. Es justo lo que lleva tanto tiempo entrenando.

Y después comprueba que le mundo ha seguido girando y observa cómo te sientes.

El objetivo no es que dejes la mente en blanco. Es empezar a demostrarle, poco a poco, que no necesita estar siempre funcionando para que todo vaya bien.

Y es que quizá tu mayor reto en estas vacaciones sea recuperar algo que muchas mujeres han ido dejando atrás sin darse cuenta: el permiso para dejar de hacer, aunque sea por un momento, y volver, simplemente, a ser.

¿Sientes que llevas demasiado tiempo sosteniéndolo todo y que ya no recuerdas cómo descansar de verdad?

Un proceso terapéutico puede ayudarte a comprender de dónde viene esa necesidad constante de hacer, a aliviar la carga mental y a recuperar espacios para ti.

Si quieres dejar de basar tu valía personal en lo que haces y liderar tu vida, escríbeme y reserva tu sesión de valoración.

¿Hablamos?

Laurarterapeuta.com

Laura Rodríguez Terapeuta
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