Tu Enfoque lo Cambia Todo

El enfoque es más que “prestar atención”. Es el filtro a través del cual interpretamos la realidad, por lo que determina en qué pensamos, cómo nos sentimos, qué decisiones tomamos y, por último, cómo actuamos.

Dicho de forma simple: vives según en qué te enfoques.

A cada momento, nuestro cerebro está recibiendo miles de estímulos. Es incapaz de procesarlos todos, así que selecciona y se queda con los que considera más importantes para garantizar nuestra supervivencia. Esta selección está influida por nuestras creencias, experiencias y hábitos mentales. Por tanto, no es neutra.

Por eso, dos personas pueden vivir una misma situación y experimentarla de forma completamente distinta.

El enfoque es la capacidad de dirigir nuestra atención hacia aquello que elegimos. Pero no sólo de manera inconsciente, sino también voluntaria y, de esta manera, decidir en qué nos centramos y en qué no.

Y es que, si sueles enfocarte en lo que te falta, probablemente sientas en tu día a día una mayor tristeza y enfado, por centrarte en la carencia.

Si te enfocas de manera habitual en los problemas, es posible que aparezcan frecuentemente emociones de culpa e incapacidad, ya que verás sólo obstáculos e inconvenientes.

Si te enfocas normalmente en el futuro, es probable que aumente tu ansiedad, al aumentar tu incertidumbre.

Y si te enfocas a diario en los demás, quizás aumente tu nivel de autoexigencia, para poder cumplir expectativas ajenas.

Nuestro enfoque determina nuestros…

Pensamientos: aquello hacia lo que diriges tu mente, se amplifica.
Emociones: lo que piensas determina cómo te sientes.
Acciones: tus emociones condicionan tus acciones.
Resultados: tus acciones influyen los resultados que obtienes.

¿Ves? Es una cadena. Y todo empieza en el enfoque.

Muchas veces creemos que no avanzamos por falta de talento, disciplina o motivación. Pero en muchos casos, la verdadera causa es no darnos cuenta de que estamos dirigiendo el enfoque de manera inadecuada.

¿Eres una de esas personas que se enfocan en lo que no quieren, en lugar de en lo que sí quieren?
¿O de las que se centran en sus errores, en lugar de en sus aprendizajes o logros?
¿O quizás de las que viven atrapadas en el pasado o preocupadas por el futuro, en lugar de vivir el presente?

No es que no puedas avanzar. Quizás es que estás mirando con el filtro incorrecto y en la dirección equivocada.

La buena noticia es que el enfoque no es algo fijo, sino que se puede entrenar.

Igual que entrenas tu cuerpo, puedes entrenar tu mente para dirigir mejor la atención.
Aquí te dejo algunas claves:

Toma conciencia de en qué te enfocas cada día: la pista te la dará la emoción desagradable que sientas.
Redirige conscientemente tu atención cuando identifiques aquella que no te está ayudando.
Elige en qué quieres centrarte y elabora frases que argumenten tu nuevo enfoque.
Crea hábitos mentales más constructivos. Por ejemplo, antes de dormir y durante un mes, agradece por escrito tres cosas que te hayan sucedido, tienes o eres.

Y esto no es ignorar la realidad, sino elegir las “gafas” que te permitan avanzar hacia tus objetivos.

Cuando cambias tu enfoque, cambias tu forma de interpretar lo que te pasa.
Esto cambia tu respuesta ante las situaciones diarias, y eso, con el tiempo, cambia los resultados que obtienes.

Si sientes que estás bloqueada, que no avanzas o que tu forma de pensar te está limitando, es posible que el problema no esté en lo que haces, sino en el enfoque desde el que lo haces.

👉 Si quieres aprender a hacerlo para aplicarlo a tu vida personal o profesional, contacta conmigo y lo trabajaremos juntas.

Laura Rodríguez Terapeuta
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