A veces, los días que deberían servirnos para parar no resultan como esperábamos. Nos llenamos de planes, expectativas y pequeñas tareas pendientes con la intención de “aprovechar bien”, mientras además disfrutamos de lo que nos apetece hacer…
Y, sin darnos cuenta, terminamos más cansadas que antes de empezar y, lo más importante, frustradas por no lograr lo previsto.
Si al acabar la Semana Santa sientes que necesitas otro descanso, este artículo es para ti.
La Semana Santa suele aparecer como una pausa muy deseada tras el comienzo del año. Supone unos días para desconectar, bajar el ritmo, ponernos al día y recargar energía. Sin embargo, no siempre ocurre así, ¿verdad?
Quizás te ha pasado que, al incorporarte de nuevo a la rutina, no sientes que haya habido descanso, sino justo lo contrario: agotamiento, frustración… y una conocida sensación de que el tiempo se te ha escapado demasiado rápido… otra vez.
Si esto te suena familiar, tranquila… tiene una explicación.
Cuando el descanso llega, lo idealizamos
Muchas veces idealizamos los días festivos. Esperamos que sean reparadores después de semanas o meses de esfuerzo y cansancio acumulado. Pero lo que finalmente vivimos termina siendo diferente.
Iniciamos el descanso de manera optimista, organizando la agenda con múltiples asuntos, pero a la vez la llenamos mentalmente de… “tengo que hacer”, “ya que tengo tiempo aprovecho” o “¡esta vez sí voy a ponerme al día!”.
Y puede que, cuando los días de descanso terminan, sientas que “se te hizo corto”, que intentaras “aprovecharlos al máximo” pero que finalmente asumieras más responsabilidades de lo habitual o, incluso, que no hayas podido desconectar mentalmente del todo.
El problema aparece cuando, además del cansancio, entra en juego el lenguaje interno:
“¡Otra vez igual!”…
“Si es que no sé hacerlo”…
“No sé aprovechar el tiempo…”
“Siempre me pasa lo mismo…”
“Si es que soy tonta por esperar algo diferente…”
Y ese diálogo interno no solo no ayuda, sino que aumenta tu carga emocional y sube el volumen a creencias limitantes de identidad que ya lleves en tu mochila.
¿El resultado?
Terminas tus días de descanso más cansada que al iniciarlos, frustrada, hablándote fatal y sintiéndote incapaz.
¿Qué puede estar ocurriéndote?
Desde un enfoque terapéutico, hay varios factores que pueden explicar esta sensación:
1. Expectativas vs. realidad
Cuando esperamos algo y no sucede, sentimos frustración. Y es que la frustración aparece cuando lo que ocurre no se ajusta a lo que queremos.
¿De verdad eran reales las expectativas que tenías?
2. Carga mental invisible
Muchas mujeres sostienen una carga mental constante: organizar, prever, cuidar, gestionar. El problema es que en los días libres no desaparece… solo cambia de forma. Planificamos comidas, encuentros, tareas pendientes, momentos de ocio… y sin darte cuenta sigues con la misma carga mental.
3. Falta de descanso real
Descansar no es sólo “no trabajar” y darle un respiro a tu cuerpo. Es también bajar tu carga mental: tener espacios propios, no estar disponible todo el tiempo, dejar de resolver…
Si eso no ocurre, la mente sigue sobrecargada.
4. Desconexión emocional
A veces, en estos días salen a la superficie emociones que durante la rutina del día a día permanecen tapadas. Incluso, se acentúan. Y es que el cambio de ritmo y rutinas pueden hacer que aparezca emociones acumuladas.
5. El efecto “fin de etapa”
El final de un periodo esperado puede generar una especie de bajón. Es como si tu mente dijera: “¿ya está?”. Y aparece cierta tristeza o vacío, debido a que sientes que has perdido algo.
Y aquí se hace evidente un punto clave que muchas veces nos pasa desapercibido y que es necesario revisar:
cómo planificamos esos días de descanso.
Sentirse así también es válido
Desde el punto de vista terapéutico, uno de los aspectos más importantes para gestionar esta situación es validar y legitimar lo que estás sintiendo.
No hay nada malo en sentirte cansada o frustrada, incluso después de unos días que se suponía que eran para descansar. No significa que no los hayas aprovechado. Significa que probablemente necesitas revisar algo.
Además, este es un momento perfecto no sólo para identificar lo que crees y piensas de ti, sino para trabajar sobre ello, siendo consciente de que tus pensamientos “no son tú”.
¿Qué puedes hacer ahora?
En lugar de exigirte empezar la semana al 100% con ese diálogo interno de… “otra vez me ocurre” o “si es que no se para que me ilusiono”, quizás es el momento de hacer una valoración de lo ocurrido para aprender de ello.
¿Y si no fuera que no eres capaz… sino que toca revisar tus expectativas?
¿Y si no es que seas tonta… sino que podrías planificarte de otra manera?
¿Y si “siempre” te ocurre lo mismo… porque enfocas los días de descanso de la misma manera?
Y es que cuando se hace lo mismo,
los resultados no cambian.
Por eso, empecemos por el principio.
Te invito a que te formules estas 3 poderosas preguntas sobre cómo te planteaste en un principio los días festivos y cómo han transcurrido. Y, lo más importante, hazlo por escrito:
¿Qué funcionó?
¿Qué no funcionó?
¿Qué podría mejorarse en próximas ocasiones?
Por ejemplo, quizás ha funcionado que salieras de tu ciudad y te oxigenaras… o que no hayas usado el despertador… o incluso que quedases con personas con las que te apetecía quedar.
Quizás no ha funcionado que dijiste sí por compromiso y no porque te apeteciera… o que comieras más de la cuenta y te sientas más pesada… o que se presentara una visita inesperada y renunciaras a tus momentos.
Quizás lo que podría mejorarse para próximas veces sería valorar otras alternativas además del sí o el no… o diseñar un menú sencillo, ligero y realista para esos días… o planificar tus momentos en horas viables para que los disfrutes.
A veces, el verdadero autocuidado empieza por saber lo que realmente necesitamos y aprender de lo ocurrido.
Quizá no era falta de tiempo…
Es posible que lo que sientes no tenga tanto que ver con el número de días de descanso, sino con la consciencia con la que te los planteaste para que conseguir los objetivos que buscabas.
Que aprovechemos el tiempo no sólo es cuestión de calendario, sino también de planteamiento y de darnos permiso.
Si al leer esto te has dado cuenta de que “siempre te pasa lo mismo”, que por más que lo intentas no consigues descansar de verdad y… terminas entrando en ese bucle de lenguaje hostil contigo misma… quizá sea el momento de empezar a mirar dentro de ti.
¿Y si esta vez lo haces diferente?
Llámame y lo vemos juntas.
