SENTIRTE INCOMPRENDIDA: LO QUE HAY DETRÁS

Hay momentos en los que no necesitas que te den soluciones, ni que te digan que no es para tanto, ni mucho menos defender cómo te sientes.

Solo necesitas algo mucho más simple y, a la vez, mucho más difícil de encontrar: sentir que lo que estás viviendo y sintiendo es válido.

Y, sin embargo, muchas veces ocurre justo lo contrario. ¿Verdad?

Seguro que te ha pasado.
Hablas de lo que te preocupa, de lo que te duele o de lo que necesitas, te “abres en canal”… y la respuesta que recibes no te hace sentir acompañada ni escuchada.
Te sientes pequeña, incomprendida o incluso llegas a pensar que deberías sentirte de otra manera.

Entonces aparecen la soledad, la frustración y la tristeza.

Pero ¿y si el verdadero problema no fuera que no te entienden?
¿Y si lo que realmente te duele es sentir que tus emociones no son válidas?

Muchas mujeres creen que lo que necesitan es que las entiendan.
Pero, si profundizamos un poco más, descubrimos que lo que realmente están buscando es algo diferente: sentirse validadas.

Porque no siempre necesitamos que alguien esté de acuerdo con nosotras, ni que vea las cosas exactamente como las vemos. Lo que necesitamos es sentir que aquello que estamos experimentando tiene sentido, que nuestras emociones tienen un lugar y que no van a ser juzgadas o minimizadas.

Cuando alguien responde con frases como «estás exagerando», «no es para tanto» o «deberías dejar de darle vueltas», no nos duele porque no nos hayan entendido, sino porque sentimos que lo que estamos experimentando no es correcto.

Y eso toca una herida mucho más profunda.

A menudo confundimos que nos validen emocionalmente con que nos den la razón. Y no es lo mismo.

Validar una emoción significa reconocer que existe y que tiene un sentido dentro de la experiencia de quien la siente.

Puedes sentir tristeza, enfado, miedo, frustración, agobio o inseguridad. Y todas esas emociones son válidas.

Las emociones no son buenas ni malas. No necesitan ser justificadas. Lo que puede ser más o menos adecuado es la forma en que actuamos a partir de ellas, pero sentirlas nunca es un error.

Sin embargo, muchas hemos aprendido desde pequeñas a cuestionar nuestras propias emociones, a autoconvencernos de que estamos exagerando, a minimizarlas, controlarlas e incluso a pedir perdón por lo que sentimos.

Y cuando esto ocurre, dejamos de confiar en nosotras mismas.

Cuando la necesidad de que los demás nos comprendan se vuelve muy intensa, muchas veces hay algo más profundo.

Puede haber una autoestima poco construida que busca constantemente confirmación externa.

Puede haber un autoconcepto distorsionado que nos lleva a dudar de nuestras propias percepciones.

Y también, miedo al rechazo, al abandono o a no sentirte suficiente, porque existan creencias limitantes como:

«Mis emociones molestan.»
«Soy demasiado sensible.»
«Para que me quieran tengo que estar contenta.»
«Si los demás no entienden lo que siento, estoy equivocada.»

Y estas creencias suelen fijarse a partir de experiencias pasadas en las que nuestras emociones fueron ignoradas, criticadas o invalidadas de forma intensa o repetida.

Entonces aprendemos a buscar fuera la validación que no aprendimos a darnos.

El problema aparece cuando nos acostumbramos a necesitar que otra persona reconozca nuestro dolor para permitirnos sentirlo.

Porque en ese momento nuestro bienestar emocional deja de estar en nuestras manos y le damos ese poder a los demás. Es decir, pasa a depender de algo externo que no siempre llegará.

La consecuencia suele ser una sensación constante de frustración, inseguridad y dependencia emocional. Es decir, una autoestima frágil que necesita ser reforzada.

Reforzar la autoestima y madurar emocionalmente no significa dejar de necesitar a los demás, porque todas necesitamos sentirnos escuchadas, queridas y comprendidas.

Lo que implica es desarrollar la capacidad de reconocer nuestras emociones sin esperar constantemente una aprobación externa.

Significa poder decirte:

«Lo que siento tiene sentido.»
«Aunque nadie me entienda, voy a escuchar lo que esta emoción quiere decirme.»
«No necesito justificar mi dolor para que sea válido.»

Cuando aprendes a validar tu experiencia interna, ocurre algo importante: dejas de depender de los demás y empiezas a relacionarte desde un lugar mucho más seguro, libre y auténtico.

Porque ya no necesitas que otros te convenzan de que lo que sientes es real.

Tú lo sabes y eso es suficiente.

Aprender a validar tus emociones es un proceso que requiere práctica y entrenamiento, especialmente si durante años has adquirido y reforzado el patrón de cuestionar lo que sientes o de buscar constantemente la aprobación de los demás.

Puedes empezar con estos pequeños-grandes pasos:

Piensa en cómo responderías si una amiga te contara exactamente lo que te está ocurriendo a ti. Probablemente no le dirías que está exagerando o que debería sentirse de otra manera.
Ofrécete esa misma comprensión.

Cuando notes tristeza, enfado, miedo o frustración, prueba a decirte «tiene sentido que me sienta así, dadas las circunstancias.»
No necesitas estar de acuerdo con la emoción ni quedarte atrapada en ella. Solo reconoce que existe y que tiene una razón de ser.

Pregúntate en qué momentos buscas que los demás te den la razón para sentirte mejor o si lo que realmente buscas es conexión y apoyo.
Tomar conciencia de esta diferencia suele ser el primer paso para fortalecer tu autoestima, confiar en tu propio criterio y convertirte en tu propia fuente de validación.

Si te has descubierto buscando que los demás validen lo que sientes, dudando de tus emociones o sintiéndote frustrada porque necesitas explicar una y otra vez cómo te encuentras, quizá haya llegado el momento de mirar más allá de lo que ocurre en tus relaciones y empezar a fortalecer la relación contigo misma.

Si quieres dejar de pedir permiso para ser quien eres, escríbeme.

Te acompaño para que aprendas a reconocer y validar tus emociones, fortalecer tu autoestima, transformar esas creencias que limitan tu bienestar y reforzar tu poder personal, independientemente de la respuesta de los demás.

¿Hablamos?

laurarterapeuta.com