A veces creemos que el problema es nuestro carácter, nuestro mal humor… o que somos así de “enfadicas”.
Pero ¿y si tu enfado fuera solo la punta del iceberg?
En este artículo quiero ayudarte a que mires más allá, a entender qué puede estar ocultándose debajo de esa rabia constante que sientes, y a que empieces a recuperar tu poder personal desde un lugar más consciente y compasivo contigo misma.
Sostienes mil responsabilidades, sintiendo que siempre tienes que ser la fuerte, la que puede con todo… y vas llevándolo como puedes.
¿A que sí?
Pero hay días en los que todo te cabrea, te molesta y te altera especialmente. Tu pareja respira y te irrita. Tus hijos te piden algo y saltas de manera desproporcionada. En el trabajo contestas con “borderías”. y no aguantas ni una…
Y después, cuando te quedas sola y baja el enfado, te sientes fatal… y quizás incluso culpable.
Pero… ¿habías pensado que quizás tu enfado no es lo que parece?
El enfado: una emoción poderosa… y protectora
El enfado no es un enemigo. De hecho, es una emoción muy útil.
El enfado hace que límites, dice “hasta aquí”. Pero, lo más importante, te pone en valor y te protege.
Pero que también puede llegar a convertirse en la mejor estrategia que encuentres para sentirte algo más poderosa y con mayor control sobre las circunstancias que vives. Y esta estrategia no es sostenible a largo plazo.
Muchas mujeres han aprendido que es más seguro enfadarse que mostrarse tristes.
Porque la tristeza la sentimos como algo que nos hace vulnerables y, para muchas personas, la vulnerabilidad se vive como sinónimo de debilidad.
Quizás tú seas una de esas mujeres
que ya lleva demasiado tiempo haciéndose la fuerte a través del enfado.
Cuando bajo el enfado hay algo más
A veces, el enfado es solo la capa superficial. Debajo puede haber:
Tristeza, por haber perdido algo importante o porque no se hayan cumplido tus expectativas
Miedo, por sentir que te faltan recursos para enfrentar una situación.
Vergüenza, por no sentirte valiosa.
Culpa, por haber postergado tus sueños.
Soledad dentro de una relación.
Frustración, por sentir que sostienes demasiado.
Lo que ocurre es que estas emociones no siempre las lloramos.
A veces quedan bloqueadas porque no creemos que sea el momento de permitírnoslas. Porque, si las dejáramos salir, estamos convencidas de que todo lo que venimos sosteniendo se va a derrumbar.
Y es entonces cuando encontramos una manera alternativa de exteriorizar nuestro dolor, y que, a la vez, nos permite seguir cumpliendo con nuestras responsabilidades: enfadarnos.
¿Lo habías pensado?
Quizá no estás enfadada con tu pareja… y en realidad estás triste porque ya no te sientes vista ni cuidada.
Quizá no estás enfadada con tus hijos… y tan sólo estás agotada porque no te sientes tenida en cuenta.
Quizás no estás enfadada con tu compañera de trabajo… y lo que te ocurre es que te sientes poco valorada.
Quizás no estás enfadada con el mundo… y en el fondo estás cargando con una gran culpa.
El Enfado Constante: una señal de que algo necesita ser escuchado
Con el paso de los años, muchas mujeres dejan de escuchar sus emociones y empiezan a adaptarse, a complacer y a priorizar a todos menos a sí mismas.
Y poco a poco pierden lo que les ayuda a liderar su vida con armonía: su poder personal.
Esto no ocurre de golpe, sino en pequeñas renuncias:
“Ahora no es el momento.”
“No quiero problemas.”
“Da igual, ya me adapto.”
“Es lo que hay.”
Hasta que un día alguien te comenta: “¡es que te enfadas por todo…!” Y descubres que es cierto. Y eso duele muchísimo.
Tu enfado constante te está queriendo decir algo importante:
“No estoy bien.”
“No quiero estar aquí.”
“No puedo seguir así.”
“Me estoy perdiendo a mí misma.”
El problema no es enfadarte continuamente.
El verdadero problema es no preguntarte qué hay debajo.
Porque cuando el enfado tapa otras emociones, se vuelve crónico.
Pero cuando vemos lo que esconde … comenzamos a tener más claridad y más poder sobre nuestra vida.
¿Qué pasaría si por fin hoy te permitieras sentir?
¿Te lo has planteado? No se trata de hacerte débil. Sino de ser honesta contigo y permitirte decir algo como esto:
Estoy cansada.
Me siento sola.
Necesito ayuda.
Ahora quiero algo distinto.
Cuando dejas de luchar contra tu emoción y la escuchas,
recuperas tu dirección y tu poder personal.
Si al leer esto notas que algo dentro de ti se ha movido… si sientes que hay una tristeza que lleva años esperando ser escuchada… si quieres recuperar tu poder… no tienes que hacerlo sola.
Trabajo con mujeres, como tú. Fuertes, responsables, inteligentes… que en algún momento de su vida se han desconectado de sí mismas pero quieren volver a liderar su vida.
Si quieres explorar qué hay debajo de tu enfado y empezar a recuperar tu poder personal, es el momento de que des el primer paso.
