SAN VALENTÍN: ¿REFLEJO DE TU VALÍA?

Llega el 14 de febrero, y desde hace semanas ya se han cubierto de rojo los escaparates, que ahora están repletos de rosas y corazones.

Y al trepidante ritmo que llevamos, se añade una tarea más: buscar un regalo especial y diferente para nuestra pareja.
Pero, seamos honestas. A la vez, se va despertando con sutileza la pregunta anual de¿qué me regalará?. Y comienzan a aparecer esas expectativas ilusionadas, silenciosas y a veces irreales de recibir por fin un detalle que nos haga sentir especiales y nos confirme que sí, que somos importantes y la “media naranja” de alguien.

Hoy no te escribo solo como Terapeuta.
Te escribo como la mujer que también estuvo ahí, esperando a que el calendario me confirmara mi valía personal a través de los ojos de otro.

Hemos comprado que el amor de pareja se celebra el 14 de febrero pero te aseguro que, como terapeuta, veo a diario el precio que se paga por esa creencia.

Sin darnos cuenta, hemos basado nuestra felicidad en la otra persona, y hemos entregado las llaves de nuestra valía personal a alguien que, quizás, ni siquiera sabe cómo gestionar la suya propia.

Las relaciones no se sostienen con ramos de rosas un sábado al año… aunque nos encante ese gesto. Tampoco con un te quiero usado como moneda de cambio, que a veces más bien significa “quédate conmigo” o “es lo quiero que oigas, para que hagas por fin lo que espero de ti”.

Las relaciones reales y maduras se construyen desde la aceptación de que tú eres diferente a mí, por el simple hecho de que hemos tenido vidas, experiencias y circunstancias diferentes; desde el construirse individualmente como persona, y tener la certeza de que si nuestra pareja está enfadada, no tiene por qué ser por mí; desde el desapego y el deseo profundo de que mi pareja sea feliz, conmigo o sin mí.

Celebrar San Valentín cuando la relación se ha convertido en una lucha de poder, en un tú no haces pero yo sí que hago”, o en un “me quedo contigo porque tengo pánico a dar el paso”no es celebrar un amor sostenible en el tiempo: es alimentar la frustración por expectativas no cumplidas y el resentimiento.

Ponemos el foco en nuestra pareja y en que la relación no funciona porque “no hace lo correcto y nosotras sí”. Nos pasamos el día analizando el por qué no dice lo que debería decir, por qué su comportamiento es el que es, “con lo fácil que es hacerlo como yo lo hago”… Y olvidamos lo más importante: que el foco principal es necesario que esté en nosotras.

¿Te has preguntado cuántas veces en tu vida has mendigado amor?

Es algo que probablemente hemos aprendido a hacer desde niñas. Porque no disponíamos de las herramientas para darnos amor a nosotras mismas; porque pensábamos que sentirnos queridas dependía sólo del exterior; o porque creímos que el amor es una “moneda de cambio” y que solo lo recibiríamos si éramos perfectas y hacíamos lo correcto.
Lo que ocurre es que, tras unas cuantas décadas, seguimos pensando igual y comportándonos en base a esas ideas y creencias… simplemente por el hecho de no haberlas cuestionado para comprobar si siguen siendo válidas para nosotras.

Cuando mendigamos amor a nuestra pareja estamos diciendo en voz alta no soy suficiente con lo que soy: por favor, complétame tú.
Y ser responsable de la felicidad de otra persona es una carga emocional que ninguna pareja, ni nadie, debería (ni puede) llevar.

A lo largo de mi vida, he aprendido que la relación más estable, la más honesta y la más necesaria es la que mantengo conmigo misma. He entendido que si yo no me priorizo, si no me doy el amor que tiendo a reclamar fuera, me sentiré vacía, por muchos besos y regalos que reciba del exterior.

Para ello te propongo que respondas a estas sencillas preguntas:

¿Te cuidas con la misma delicadeza con la que esperas que tu pareja te cuide?
¿Te escuchas y te hablas de la misma manera que te gusta que tu pareja te escuche y hable?
¿Qué es exactamente lo que te impide darte permiso para tener un detalle contigo misma en lugar de esperarlo del exterior?

Si has respondido no a las dos primeras, probablemente… estés buscando en tu pareja algo que tú misma te niegas. Es posible que hayas caído en la trampa de proyectar en ella la responsabilidad de tu bienestar emocional, y la hayas convertido quizás en la única proveedora de amor y validación que te falta.

Y si has contestado a la tercera con excusas como la falta de tiempo, el dinero o el famoso “no es para tanto”… que sepas que probablemente sean tus mecanismos de defensa para no enfrentar el miedo que te da ser tu principal prioridad. Porque, admitámoslo: es mucho más fácil esperar que otro adivine y te de lo que necesitas, que asumir el compromiso y la disciplina de dártelo tú misma.

Este año, te invito a que cambies la historia que te has contado.

A que no esperes a que alguien te haga sentir especial y te adelantes tú a hacerlo. Y a que, desde esa plenitud de que eres perfecta tal y como eres, con tus fortalezas y debilidades, con tus aciertos y errores, compartas tu tiempo y lo mejor de ti con quien tú elijas.

Puedes alimentar tu relación cada día, sí. Pero prueba a empezar primero por construir la relación con la persona más importante que tendrás en toda tu vida: tú.

Porque cuando tú te das el amor que mereces, simplemente por ser tú… dejas de mendigar y de aceptar migajas de los demás, te pones en valor y te convences de que sí eres importante.

Feliz día del amor… a ti misma.

Si quieres empezar a reconciliarte contigo, escríbeme.
Te guío para que comiences a construir tu vida en pareja desde tu valía personal y desde tu amor propio.

Laura Rodríguez Terapeuta
Política de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible.

La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudarnos a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Aquí puedes leer nuestra Política de Privacidad y Política de Cookies.